Thoughts from Ecuador | Pensamientos desde el Ecuador

On Saturday, October 12th, 2019, it was the 9th day of protests and riots in Quito. The tension and panic was so high, the government announced “toque de queda” prohibiting people from leaving their houses for 24 hours. In my fear, tension and panic, I had to process my feelings the only way I know how. Writing.

I write this from a part of Quito that is, and has been, largely unaffected by the last ten days of protests during the Paro Nacional. I hesitate to write this, because I have a job and a solid income, I am relatively healthy, single and no one depends on me, and I can absorb changes in gasoline, food and transportation prices in my budget, which to those that make minimum wage in this country (approximately 400 USD) is not minor at all. I am mestiza, but I belong, purely by chance, to a class of people on an end of a spectrum that highlights the inequality present throughout this entire world, in some places more sharply than in others. Ecuador is one of these places.

This inequality does not have one single cause. There are historic and systemic causes that include colonialism, capitalism, racism, machismo, ageism, corruption, Westernization, globalization, unemployment, natural resource extraction, an economy and society built on and completely dependent on fossil fuels and mineral extraction, environmental degradation at the local and global scale, mismanagement and poor distribution of wealth, and political regimes and decisions that have hurt all kinds of people –especially the poor, and the rural and indigenous peoples— consistently and repeatedly. Decisions are often made by urban dwellers, that have little understanding of life outside the city. The pain is justified, the fight is long overdue; yet, it is not something that can be fixed in the short-term, without a serious change in how we do things at every level, including changing our economy, values and culture.

We are in an age where social media and telecommunications are unprecedented. The amount of information available on any given day is overwhelming, and more so in a crisis. Even with a degree in Communication – where we are taught to question everything and the interests and funding of the source – it is difficult to discern facts from opinions, valid arguments against fallacies, impartial sources from biased ones (although I’d say all sources are biased), and escape binary discourse that wants to simplify those involved in incredibly complex scenarios into “the good guys” and “the bad guys”. The contradictions present in each one of our daily lives (for example, being an environmentalist and using a car) proves that life isn’t that categorically black and white.

We, also, can only see part of the now, but the past is present when fighting for an uncertain future. In this country, history has taught us that most, if not all politicians and their governments, are corrupt. No leader in this country has ever done right by me, and when I place my mandatory vote I must choose the lesser of the evils with the information at hand. There are power and ideological struggles between elected officials, past presidents and their officials, the central government and the decentralized local governments. There are sectors—like the extractive industry—and institutions—like the IMF—that have long-standing bad reputations all over the world, and in this region, and thus, should be analyzed, critiqued and questioned.

It is also a romantic idea to group “the people” into a righteous crowd seeking social justice, because it ignores the diversity that Ecuador is known for. It is clear that there are several groups that make up “the people” protesting, and their qualms, aims, interests and actions vary.

What is a fact is that all human beings are flawed, no one can grasp the whole picture and communicate it effectively, and herd, mob or pack mentality –including on the internet— is real. Therefore, all involved have committed brutal acts – and, now that the protests are over, groups continue to fight on the internet. Everyone is affected by the austerity measures (that have now been revoked), as well as the riots and protests, hate and stereotypes, loss and damage to human lives, and to private, public and heritage goods, including 100 year-old trees.

People, and species for that matter, react when they are threatened. They protect their interests and lives. We all do what we can to survive, both physically and emotionally. Many people feed the stereotypes and the hate, which is the saddest part of all, but it is important to remember that we all are human. We are born, we age, we die. We are fragile and vulnerable. No matter what your opinion, ideology or beliefs, in this, we will always be together.

***
El sábado, 12 de octubre de 2019, fue el noveno día de protestas y disturbios en Quito. La tensión y el pánico fueron tan altos que el gobierno anunció el Toque de Queda. En mi tensión y pánico, tuve que procesar mis sentimientos de la única manera que sé como. Escribiendo.

Escribo esto desde una parte de Quito que no ha sido afectada en gran medida por los últimos diez días de protestas durante el Paro Nacional. Dudo en escribir esto, porque tengo un trabajo y un ingreso sólido, soy relativamente saludable, soltera y nadie depende de mí, y puedo absorber los cambios en los precios de la gasolina, los alimentos y el transporte en mi presupuesto. Para aquellos que ganan un salario mínimo en este país (aproximadamente 400 USD), se que no es menor en lo absoluto. Soy mestiza, pero pertenezco, por casualidad, a una clase de personas en un extremo de un espectro que resalta la desigualdad presente en todo el mundo, en algunos lugares de manera más aguda que en otros. Ecuador es uno de estos lugares.

Esta desigualdad no tiene una sola causa. Hay causas históricas y sistémicas que incluyen el colonialismo, el capitalismo, el racismo, el machismo, la discriminación por edad, la corrupción, la occidentalización, la globalización, el desempleo, la extracción de recursos naturales, una economía y sociedad construida y completamente dependiente del petróleo y la extracción de minerales, la degradación ambiental en escala local y global, mala gestión y mala distribución de la riqueza, y regímenes políticos y decisiones que han perjudicado a todo tipo de personas, especialmente a los pobres, y a los pueblos rurales e indígenas, de manera consistente y reiterada. Con frecuencia, los habitantes urbanos toman decisiones teniendo poca comprensión de la vida rural, fuera de la ciudad. El dolor está justificado, la lucha también; sin embargo, no es algo que pueda arreglarse a corto plazo, sin un cambio serio en la forma en que hacemos todo en varios niveles, incluido el cambio de nuestra economía, valores y cultura.

Estamos en una era donde las redes sociales y las telecomunicaciones no tienen precedentes. La cantidad de información disponible en un día cualquiera es abrumadora, y más aún en una crisis. Incluso con formación en Comunicación, donde se nos enseña a cuestionar todo, incluyendo los intereses y la financiación de la fuente, es difícil discernir los hechos de las opiniones, los argumentos válidos contra las falacias, las fuentes imparciales de las sesgadas (aunque yo diría que todas los medios son sesgados), y escapar de los discursos binarios que quieren simplificar escenarios complejos, y la gente involucrada, en “los buenos” y “los malos”. Las contradicciones presentes en cada una de nuestras vidas diarias (por ejemplo, ser ambientalista y usar un vehículo) demuestran que la vida no es tan categóricamente blanco y negro.

Nosotros, también, solo podemos ver parte del ahora, pero el pasado está presente cuando luchamos por un futuro incierto. En este país, la historia nos ha enseñado que la mayoría, si no todos, los políticos y sus gobiernos son corruptos. Ningún líder en este país ha hecho lo correcto desde mi punto de vista, y cuando coloco mi voto obligatorio, debo elegir el menor de los males con la información en mano. Hay luchas de poder e ideológicas entre funcionarios electos, presidentes anteriores y sus exfuncionarios, el gobierno central y los gobiernos locales descentralizados. Hay sectores como la industria extractiva, e instituciones, como el FMI, que tienen una mala reputación desde hace mucho tiempo por todo el mundo, y en esta región, y por lo tanto, deben ser analizadas, criticadas y cuestionadas.

También es una idea romántica agrupar a “el pueblo” y pensarlo una multitud honrada que busca justicia social, porque ignora la diversidad por la que se conoce al Ecuador. Está claro que hay varios grupos que componen la protesta de “el pueblo”, y sus preocupaciones, objetivos, intereses y acciones varían.

Lo que es un hecho es que todos los seres humanos tienen defectos, nadie puede entender lo que esta pasando en lo completo, ni comunicarlo de manera efectiva, y la mentalidad de grupo, incluso en el Internet, es real. Por lo tanto, todos los involucrados han cometido actos brutales y, ahora que las protestas han terminado, algunos continúan luchando en los medios sociales. Todos nos hemos visto afectados por las medidas de austeridad (que ahora se han revocado), así como por los disturbios y protestas, el odio y los estereotipos, la pérdida y el daño a la vida humana, y a los bienes privados, públicos y patrimoniales, incluyendo arboles centenarios.

Las personas, entre otras especies, reaccionan cuando se ven amenazadas. Protegen sus intereses y vidas. Todos hacemos lo que podemos para sobrevivir, tanto física como emocionalmente. Muchas personas alimentan los estereotipos y el odio, que es la parte más triste, pero es importante recordar que todos somos humanos. Nacemos, envejecemos, morimos. Somos frágiles y vulnerables. No importa cuál sea su opinión, ideología o creencias, en esto, siempre estaremos juntos.

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